Marina y David habían emprendido un nuevo viaje en sus vidas. Con tan solo 21 años, habían decidido abandonar sus casas, a sus familias y cambiar todo por un destino que ni ellos podrían conocer.
David un joven de mediana estatura, algo desgarbado en sus andares, de pelo corto, moreno, y con una tez un tanto oscura, pensaba en todos los cambios que se avecinaban.
Marina una chica con, hasta ahora, un nivel de vida bastante elevado, cambiaba todo por llevar una vida más modesta, sin lujos, pero con muchas pretensiones para lograr sus objetivos.
Ambos quería dejan atrás la ciudad en la que vivían porque no habían logrado, por el momento, ser felices. Dejaban también atrás sus estudios y trabajo en el caso de David y su nivel de vida en el caso de Marina. Se olvidaban casi por completo de sus familias, seguramente en sus recuerdos estarían siempre, pero necesitaban olvidar. A fin de cuentas querían deshacerse de todo.
Allí estaban ellos. Sentados, separados por un banco, en una estación que conocían poco, pero era lo único que sabían el uno del otro. Se habían mirado levemente en alguna ocasión, pero desconocían que iban a tomar el mismo tren, y que ambos querían escapar, aunque sus miradas denotaban el continuo misterio que los dos guardaban.
La primera vez que se tocaron, se produjo cuando ambos subían al tren. Casualidad o no pasarían el viaje a su nueva ciudad sentados juntos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario